Averías que provocas a tú vehículo y no lo sabes

Badenes, aparcar de oído,…

 

 

El coche es, para muchos de autónomos, algo indispensable en nuestro devenir diario. Ya no es un mero medio de transporte; se ha convertido en una auténtica herramienta de trabajo.

Es fácil que, tras años al volante, hayamos adquirido algunas manías o hábitos que, sin nosotros ser conscientes, perjudican a nuestro coche. Esto, además, supone un importante desembolso económico para nosotros, además del jaleo de no disponer de coche durante un par de días de taller.

A continuación, os mostramos las averías más comunes que provocamos a nuestros coches.

 

Dejar “para el mes que viene” el mantenimiento

 

La falta de cuidado en nuestro vehículo es uno de los aspectos que más descuidamos. Es obvio que los vehículos deben tener una revisión periódica para que todo esté a punto y funcione bien. Hay que revisar los frenos, neumáticos, filtros, aceite, etc. Si no lo hacemos, provocaremos averías y, lo que es más importante aun, perderemos seguridad al volante.

 

Dichosos badenes…

 

Cuando nos enfrentamos a una zona de badenes, lo más lógico es reducir la velocidad. Ese es el objetivo de que los coloquen. Si no lo hacemos, además de contravenir las normas, estaremos provocando daños en las suspensiones y neumáticos de nuestro vehículo. Y si impactamos contra el pavimento, la cosas puede empeorar si dañamos la caja de cambios o la carrocería.

 

Mantener el embrague pisado

 

Es una de las averías más comunes. ¿Cómo se puede romper un embrague? Pues, por ejemplo, manteniéndolo pisado durante un semáforo en rojo. Muchos conductores se quedan con la marcha metida en vez de poner el coche en punto muerto. Algunos también lo mantienen pisado levemente durante la marcha. Todo esto provoca que, con el tiempo, el embrague se rompa.

 

Ir en reserva

 

Circular en reserva es otra de las malas costumbres que hacen que nuestro coche se averíe. No ser previsores y esperar a que el chivato de la gasolina se encienda para ir a repostar hace que las impurezas y los posos de la gasolina lleguen al motor de nuestro coche. Esto puede provocar serios problemas en los inyectores y en el filtro del combustible.

 

La palanca de cambios como apoya brazos

 

Algunos conductores, durante recorridos con marchas largas, tienen el mal hábito de ir con la mano apoyada en la palanca de cambios, descansando. Puede parecer una nimiedad pero la presión ejercida por el peso de la mano puede provocar desajustes en el cambio.

 

Aparcar de oído

 

A la hora de aparcar, algo habitual es hacerlo de oído, es decir, maniobrar según vamos dando golpecitos a los otros coches. De esta forma, la chapa de nuestro vehículo es la que saldrá dañada por los impactos pero, además, los neumáticos también sufrirán al chocar contra el bordillo de la acera. Incluso podemos provocar un reventón.

 

Fuente: Mas Autónomo